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No son datos son personas

Los que estamos acostumbrados a seguir el mercado eléctrico, y aspectos económicos en general, solemos manejar cifras en nuestras cabezas. Desde hace unos meses además de las cifras habituales, hemos incorporado nuevos datos acerca de la pandemia y sus consecuencias.

En los medios de comunicación, en conversaciones de amigos, en reuniones profesionales, etc se habla de todos estos datos estadísticos con cierta frialdad. Seguramente es en parte lógico. He escuchado que el dato de muertes totales no es importante, sino que hay que analizar las muertes por millón, por ejemplo. O que la curva hay que analizarla de manera logarítmica, o que son solo el 0,7 por ciento de los contagiados, etc… Todo esto suena frío.

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Mirar los datos tanto de infectados, como de muertes por el coronavirus, con variaciones diarias tan importantes y desagradables, me afecta y me afecta mucho. El miedo que tengo por la posibilidad de perder a los que me rodean, me enfada y me paraliza.

Pensaba, que me importaba bien poco, que el porcentaje de muertos fuera el 1% o el 10%, pensaba qué si me tocaba cerca, el porcentaje en mi familia sería mucho mayor. Pero es que además ya tenemos más de 170.000 muertos en el mundo y solo con cifras oficiales. Y por todo ello, siento con rabia, que no hablamos de datos, de estadísticas, sino de personas.

La importancia de la comunicación es crucial. Y sostengo que tratar de controlar los medios, con la excusa de salvaguardar el interés público, es la peor de las medidas a adoptar. Esto atentaría contra nuestra libertad y nada justifica su aplicación. La única posibilidad para que los “fakenews” no se expandan, es la cultura y la educación. Estas si son areas a mejorar, y a apoyar desde las instituciones públicas y privadas de forma decidida.

El mundo energético renovable sabe de campañas de desinformación. Las hemos sufrido desde todos los ámbitos, y al final siempre se impone la verdad y el sentido común. Cuesta conseguirlo, pero todo llega. La verdad termina por salir a la luz. Solo en el caso de que hubiese control público de los medios de comunicación, la verdad no se conocería nunca.

Por poner un ejemplo en relación a lo vivido, algunos nos explicaron que era una gripe fuerte, que las mascarillas eran malas, que era mejor usar jabón, que había que ir al 8M, que podíamos ir a las fallas, a los carnavales, al futbol, y otros eventos multitudinarios, que los niños tenían que quedarse en el colegio, o infectarían a los abuelos, y así un motón de mensajes disparatados, que según alguno, trataban de no alarmar. ¿Se equivocaron en su “desinformación”? ¿Qué habría que hacer, callar a los médicos que discrepaban?, ¿a los expertos que opinaban otra cosa?, ¿no informar sobre lo que hacían otros países?, etc.

Si en algunos momentos, la información hubiese sido regulada por el Estado u otros, solo leeríamos que la renovable era cara, y que nunca sería competitiva, que encarecía el mercado, que contaminaba mas que la energía fósil, que era para enriquecer a los ricos, y así un sinfín de mal intencionadas informaciones.

Igualmente, si hablamos del mundo empresarial, el Gobierno regula y limita el que determinadas empresas puedan acogerse a un expediente de regulación de empleo temporal. Y lo hace aludiendo a la picaresca empresarial, encima. Esto es tan disparatado como prohibir por ley el que haya separaciones matrimoniales y que terminen en divorcio. La regulación no debería favorecer a nadie y otra cosa es populismo. Malo para el empleo y las empresas. Me imagino que pensaríamos todos si mañana por ley prohibieran el divorcio.

Lo importante es que haya buena enseñanza y las personas puedan reconocer donde está la información veraz y la que no lo es. Lo mismo que los regalos envenenados. Y no solo formación estadística, económica, política, sino cultural también. Hay que lograr una sociedad con personas antifrágiles, personas que se benefician del desorden, como nos enseñó Nassim Nicholas Taleb.

No son datos, son personas.

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Sobre el Autor

Enrique Rodríguez De Azero

Enrique Rodríguez De Azero

Enrique Rodriguez de Azero ha estado vinculado en su trayectoria profesional a distintos
sectores de la economía, automoción, energía renovable, innovación y turismo, entre otros.

Preside en la actualidad la Asociación Canaria de Energías Renovables (ACER), organización empresarial para el fomento y la defensa de los derechos de los promotores de energía renovable. Como presidente y conocedor del sector ha tratado de dar a conocer la realidad energética canaria con una visión estratégica y de miras más amplias.

Es delegado para Canarias de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF). Asociación que aglutina a todo el sector energético fotovoltaico a nivel nacional.

Fue director y profesor del Máster Universitario en Energías Renovables, de la Universidad
Europea de Canarias.

Es miembro del comité ejecutivo de la Confederación provinicial de empresarios de Tenerife (CEOE Tenerife). Y fue miembro fundador de la confederación canaria de jóvenes
empresarios (CCAJE).

Forma parte como vocal titular del observatorio de la energía de Canarias.

El Sr. Rodriguez de Azero es licenciado en medio ambiente por la Universidad de Florida Internacional. Estudió ciencias económicas en la Universidad Complutense de Madrid.

Habla español e inglés y ha cursado diversos cursos, destacando el programa de gestión empresarial para directivos del Instituto de Empresa, así como el programa para el perfeccionamiento directivo del Instituto Bravo Murillo.

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