La vulnerabilidad como fortaleza

Hace unos días, trabajando con un equipo, nos arriesgamos todos a probar algo nuevo: cambiar la típica evaluación del desempeño anual por parte de un superior, por una evaluación mensual donde participaba la totalidad del equipo. Hubo cómo no, un primer valiente dispuesto a recibir por un lado, felicitaciones, y por otro, a escuchar sin justificarse, ni reaccionar, qué aspectos debía mejorar

Sin duda es una situación de exposición y de incertidumbre sobre lo que uno va a escuchar, pero también puede ser un momento incómodo por parte de quien opina, pues existe el temor ante cómo va a ser tomado ese regalo llamado feedback o giftback.

Y comenzó el proceso inicialmente de forma suave: “Yo no creo que tengas nada importante que cambiar, pero si mejoras esto, esto, esto y esto, pues mejor”. Se notaba que no estaban acostumbrados a dar un feedback estructurado, honesto, claro, y era obvio cómo se complicaban intentando disfrazar los miedo iniciales.

Pero llegó el director general, y al comenzar a hablar, empezó a emocionarse en agradecimiento a esa persona por haberle ayudado en momentos muy duros personales y profesionales. Las lágrimas empezaron a brotar e intentaba expresarse con voz temblorosa, hasta que pidió permiso para salir y tranquilizarse. Obviamente se lo impedí.El equipo necesitaba esa apertura y esa vulnerabilidad. Empezaron poco a poco a emocionarse todos y fue aquí donde se comenzaba un viaje hacia el crecimiento como equipo.

Gastamos enormes cantidades de energía en aparentar y en cubrir nuestras debilidades. Vivimos en muchos entornos con una máscara. Todo el mundo sabe que para desarrollar un equipo de alto rendimiento, el primer paso es la confianza. Pero ¿qué se entiende por confianza? Generalmente se suele interpretar como la sensación de que sé que vas a hacer bien tu trabajo. Pero en este caso, en la construcción de equipos, hay que entenderla como que pueden mostrar su parte vulnerable y sus errores y esto no va a ser usado de forma inadecuada. Me puedo mostrar débil y se me aceptará, ayudará y apoyará. Puedo reconocer mis errores y ello no es el fin del mundo.

Prueben a hacer este experimento. Sienten a un grupo de personas desconocidas y háganles contar sus éxitos o cuánto ganan o qué alto cargo tienen, es decir, aquello de lo que puedan sentirse orgullosos. Verán que poco a poco sus egos les harán elevarse y competir en un y “yo más”. Luego hagan el ejercicio contrario, pídanles que cuenten su peor error, su peor momento o su debilidad más importante, y notarán cómo cambia la energía del grupo. Todos bajamos nuestras murallas cuando vemos que alguien comparte sus debilidades. Porque todos tenemos cadáveres, errores, heridas y aprendizajes. Aquellos que pueden mostrarse vulnerables y se sienten aceptados en sus defectos, generan una relación más fuerte.

Siguiendo con el caso con el que comenzamos, el director general fue capaz de decir entre sollozos, aquello que por otro lado, su compañero tenía que mejorar. Y esa persona lo aceptó, escuchando y tomando nota sin refutar. Y así fue cada uno sincerándose con él. Unos con lágrimas de la emoción que se había generado, otros con claridad respetuosa por haber sufrido su dejadez en ciertas cuestiones, pero se estaba produciendo una catarsis. También hubo momentos de risas cuando un compañero le reprochó que nunca le llamaba para salir a tomar un cigarro y que siempre se iba con el mismo, haciéndole sentir marginado.

Al terminar se hizo un silencio. Dejamos que lo sucedido, con todas las emociones, mensajes, felicitaciones y sugerencias de mejora, se fueran posando entre todos. Y fue necesaria una pregunta: “¿qué aprendemos como equipo?”.

La respuesta fue clara: “Tenemos muchas cosas que limpiar entre nosotros”. ¡Qué mensaje tan potente! A base de esconderse las cosas, los errores, los detalles y también las buenas cosas, se había ido generando un equipo frágil, hostil, indiferente y con la sensación de que eran más un grupo que un equipo. Por el contrario, abrirse, mostrarse débil, emocionado, frágil, molesto, y hacerlo de forma sincera y constructiva generó una mayor unión.

Por lo tanto, la vulnerabilidad en un entorno de respeto, genera fortaleza entre sus integrantes. Pero claro, hace falta valentía, ambición de querer ser mejores y desde luego mucho respeto y generosidad. ¿Por qué no lo probamos?

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Sobre el Autor

Juan Ferrer

Juan Ferrer

Está especializado en la Gestión del Cambio en organizaciones. Su trabajo es activar, motivar e implicar a las personas en el cambio, la evolución y la mejora constante. Además es formador en habilidades directivas (gestión del tiempo, coaching, liderazgo, negociación, trabajo en equipo, hablar en público, etc.), habiendo impartido en empresas tales como Banco Santander, Cajasiete, JTI, Cervecera, Fiba Europe, Pernod Ricard, Grupo Domingo Alonso, Barceló Hotels & Resorts, Sheraton Salobre, Meliá, Deusto Business School, etc. Por otro lado es licenciado en CC.EE. y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid, y formado en la Harvard Kennedy School en el desarrollo y la formación del liderazgo. Asimismo, ha publicado tres libros: "Gestión del Cambio" (Lid Editorial), "Aprendiendo con mi coach" y "Soñé que estaba despierto".

Colabora dentro de la temática de RRHH.

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