Leopoldo Cólogan

Leopoldo Cólogan

Abogado, Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid (San Pablo CEU), que inició su carrera profesional a comienzos del año 1997, después de haber realizado unas prácticas en Dublín y Bruselas, y que, tras veinte años de ejercicio profesional, de los cuales más de ocho han sido como socio de una gran firma internacional como Garrigues, ha creado el primer “Law Hotel”, que es un nuevo concepto y marca de despacho, fundando en el año 2017 en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, España, la nueva firma legal:

Está especializado en el asesoramiento legal en litigios y arbitrajes relativos a conflictos mercantiles, civiles y societarios, y tiene una amplia experiencia en concursal y situaciones de insolvencia, penal, administrativo y contencioso administrativo. Especialmente, destaca su intervención en sectores como la construcción, turismo y hoteles, la distribución, y en el asesoramiento a organizaciones de productores y cooperativas, así como en negociaciones con entidades financieras.El arbitraje y la mediación internacional y nacional es una de sus vocaciones.Además del desempeño de su profesión como abogado, participa habitualmente como ponente en jornadas y congresos, siendo también Profesor del Máster Universitario en Abogacía de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Laguna, en colaboración con el Ilustre Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife al que pertenece, y ha sido incluido en el prestigioso directorio internacional Best Lawyers.

Colabora dentro de la temática de Legislación.

Leopoldo Cólogan | Law Hotel 
T +34 609 813 306
C/ Valentín Sanz, 23, 5º 38002 Santa Cruz de Tenerife   
Islas Canarias. España. 
leopoldo.cologan@leopoldocologan.com

 

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Tus responsabilidades como miembro de un órgano de administración o alto directivo

Tus responsabilidades como miembro de un órgano de administración o alto directivo

Antes del Código de Comercio de 1829, España en general y las Islas Canarias en particular, carecían de una reglamentación comercial global que rigiese las relaciones mercantiles y los conflictos entre los comerciantes. A finales del siglo XVIII los comerciantes canarios a los que ahora denominaríamos empresarios, recurrían en ausencia de otra norma, a la que más autoridad moral se le reconocía: las Reales Ordenanzas del Consulado de Bilbao de 1737. Tal fue su éxito que se mantuvieron en vigor y fueron un referente de Código de Comercio en más de diecinueve países de Iberoamérica hasta bien entrado el siglo XIX. Un ejemplo de su aplicación y eficacia se comprobó al ser empleadas en el concurso de acreedores de la herencia de un comerciante canario llamado Juan Cólogan Valois, socio de la compañía londinense Cólogan, Pollard & Cooper, cuando tras su muerte en 1799, su hermano Tomás tuvo que solicitar el citado concurso y recurrir a esas ordenanzas para afrontar las reclamaciones de los acreedores.

Juan Cólogan Valois, a través de la citada compañía, había desarrollado una intensa y exitosa actividad comercial como importador de vinos canarios. Llegando incluso a  firmar contratos de suministros con la Marina Británica (Board of Commissioners for the Victualling of the Navy) a la que abasteció durante más de dos décadas. También mantenía estrechas relaciones comerciales con la América inglesa, concretamente con los puertos de Newport, Nueva York y Filadelfia y muchos otros puertos de Europa.

Un proyecto de ley para Canarias

Un proyecto de ley para Canarias

La situación estratégica y la capacidad productiva del suelo de Canarias fueron muy apreciadas a finales del siglo XVIII por las flotas mercantes y por las marinas de guerra europeas que utilizaron el puerto de Santa Cruz de Tenerife para el aprovisionamiento de sus barcos. Qué duda cabe, que sin estas facilidades era imposible consolidar la expansión de su imperio, en el caso británico.

Tanta relevancia tenía dicho abastecimiento que, en ocasiones, afectaba al limitado mercado local y algunas veces se impedía por influir directamente en sus precios. Hechos como estos sucedían cuando se demandaba ganado vacuno para esas naves obligando a las autoridades a intervenir para limitar tanta “exportación”. También destacaba el suministro de vinos, que por su apreciado comportamiento en los largos viajes a vela, venía a ser un “combustible” esencial para las tripulaciones y pasajeros. Pero, ¿por qué es relevante esta breve introducción?, precisamente por exponer gráficamente las limitaciones de nuestro territorio y la productividad que del mismo se extrae.

La empresa familiar y el turismo

La empresa familiar y el turismo

A veces uno no se da cuenta de lo evidente, aun teniéndolo enfrente. Esto me ocurrió a mi cuando un sábado por la mañana, haciendo sportworking, tomo consciencia de que en la empresa familiar tan importante es organizar la gestión del patrimonio y la actividad empresarial, elaborando protocolos familiares para la adecuada sucesión y el relevo generacional, como gestionar la propia familia, y que para esto último ya existe, desde hace tiempo, una profesión especializada como es la figura del “entrenador familiar”, que dentro de la psicología se denomina “escuela de padres”.

El impuesto ficticio y la cultura del esfuerzo

El impuesto ficticio y la cultura del esfuerzo

Siempre he pensado que la mejor forma de aumentar la recaudación por el cobro de impuestos pasa por estimular y dinamizar la actividad económica y social estableciendo impuestos sencillos, que todo el mundo que los tenga que pagar entienda, que no se establezcan impuestos ficticios e injustos, que no respondan a la realidad, y se dé ejemplo gestionando esos recursos y que la sociedad los perciba con la mejora de los servicios y del bienestar general.

El Brexit, ¿una oportunidad para Canarias?

Por Leopoldo Cólogan.

El Brexit, ¿una oportunidad para Canarias?

No hace falta tener una gran perspectiva histórica para saber que, antes de que existiera la Unión Europea, los británicos tenían colonias de residentes establecidas en España vinculadas a actividades empresariales y económicas, que aportaron su estilo de vida, cultura e idioma; como fue, por ejemplo, el de la clase media empresarial y trabajadora, el fútbol y el golf, y el inglés, respectivamente.

Ninguna de esas aportaciones debemos perderlas porque ya son nuestras, nos han enriquecido y nos hacen más competitivos. En especial, se trataría de potenciar un único idioma común dentro de la Unión Europea en el que se ha invertido mucho, que nos conecta con muchas partes del mundo y nos hace más atractivos para las propias empresas británicas, ahora no de forma impuesta sino asumiéndolo voluntariamente, y si se quiere, en honor a otros estados miembros como Irlanda y Malta.

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