Lecciones del Coronavirus, Covid-19. La UE y la transformación industrial

De cualquier experiencia que se tenga, positiva o negativa, se deben extraer conclusiones para no incurrir en los mismos errores o identificar aquello que se pueda mejorar para esta y futuras generaciones.

Esta crisis del coronavirus nos está recordando que el ser humano es vulnerable y que las fronteras son líneas ficticias artificialmente creadas para organizarnos como colectivo humano, como nos dijo Yuval Noah Harari, en su libro “Sapiens. De animales a dioses”.

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Igualmente, nos sirve para recordar lo importante que es que los seres humanos conozcamos nuestra propia historia, pero no para manipularla ni retroalimentar diferencias sino para mejorar y afrontar los problemas comunes, teniendo en cuenta que los amigos son aquellos que tienen a un mismo enemigo, como apuntó Abraham Lincoln.

En este caso, el enemigo común es el virus de la Gripe, que no entiende de estados, de razas, ni de religiones, y cuya existencia no es culpa de nadie, sino que es parte de nuestra existencia, que lo transportamos por el mero hecho de desplazarnos y que una epidemia o pandemia se repite aproximadamente cada cincuenta años, lo que nos obliga a estar coordinados y preparados para ello, siendo esencial el facilitar a las personas la información actualizada y real del riesgo para saber como actuar y poder minimizar el mismo.

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Precisamente por eso y para eso, Naciones Unidas estableció en 1947, un año antes de la entrada en vigor de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa Mundial contra la Gripe para hacer un seguimiento de la evolución del virus, y el día 30 de enero de 2020 dicho organismo declaró el brote de nuevo coronavirus 2019 una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, y consideraba que todavía era posible interrumpir la propagación del virus, siempre que los países adoptasen medidas firmes para detectar la enfermedad de manera precoz, aislar y tratar casos, hacer seguimiento de contactos y promover medidas de distanciamiento social acordes con el riesgo, sin recomendar ninguna restricción de viaje o comercio en el momento de la citada declaración.

Igualmente, la Organización Mundial de la Salud el 11 de febrero de 2020 dio el nombre oficial de Covid-19, que significa enfermedad por coronavirus a partir de 2019, indicando que dicha denominación del virus debe evitar cualquier estigmatización, por lo que no debe referirse a ubicación geográfica, animal, nombres de individuos, especies animales, cultura, población, industria o ocupación específicos.

Posteriormente, el 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud declaró que la enfermedad se consideraba ya una pandemia por la cantidad de personas infectadas y muertes causadas por todo el mundo.

Pues bien, esto ya lo vivieron en tiempos de nuestros bisabuelos en el año 1918, y aquí estamos sufriendo y luchando como ellos hicieron, pero ellos no contaron con la información ni con la sensibilidad de la Organización Mundial de la Salud, porque no existía.

En esa ocasión, en el mes marzo de 1918 en Fort Riley, en el Estado de Kansas, Estados Unidos de América, enfermaron de Gripe múltiples reclutas del ejército de dicho país, que posteriormente desembarcaron en Europa con motivo de la Primera Guerra Mundial, lo que contribuyó a expandir el virus por toda Europa, dadas las precarias condiciones higiénicas propias de una guerra de trincheras que duró hasta noviembre de ese mismo año, y cuya existencia no se dio a conocer por la estricta censura militar existente en tiempos de guerra en Estados Unidos de América y en Europa, salvo en España, donde la prensa sí trató con mucha preocupación e impotencia la pandemia de Gripe de 1918, por haber sido un país neutral, como lo había sido Estados Unidos de América de 1914 al 6 de abril de 1917.

Entre otros muchos lugares del mundo, en Estados Unidos de América se estima que murieron más de medio millón de personas, en Francia aproximadamente cuatrocientas mil y en España y Gran Bretaña más de doscientas mil personas, pero no tuvieron ningún reparo, y les convenía, para mantener alta la moral y la autoestima del ejercito y de la opinión pública, fomentar que se le denominase como la Gripe Española. 

Tanto es así, que cuando Bill Gates nos avisaba en el año 2015 del nuevo virus que estaba por venir se refirió a la Gripe Española, y que cuando uno visita el impresionante Cementerio Nacional de Arlington en Virginia, Estados Unidos de América, que es, junto con otros, un monumento a los valores y a la autoestima de un gran país, en la sala de exposiciones que hay en la entrada, se puede ver expuesta una fotografía de muchos soldados estadounidenses fallecidos, en donde se indica que el motivo de su muerte fue la Gripe Española.

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Considero que es el momento en que la Organización Mundial de la Salud debe ordenar corregir los errores históricos que fomentan la estigmatización hablando de temas tan serios como la salud, y se evite que medios de comunicación, como “Los Ángeles Times”, el segundo periódico metropolitano más grande en los Estados Unidos de América, publique el 31 de enero de 2020 noticias diciendo que “El nuevo coronavirus de China se propaga tan fácilmente como la gripe española de 1918”.

El tema no es baladí, de hecho ha habido ahora un enfrentamiento entre Estados Unidos de América y China, que están en plena guerra comercial, porque nadie quiere que se utilice el nombre de la enfermedad para estigmatizar ni para culpar, pues España y sus medios de comunicación, tampoco deben permitirlo ni fomentarlo durante más tiempo. Es una deuda a la verdad, utilizando parte de una metáfora mencionada por Gideon Rachman, jefe de política internacional del Financial Times.

Dicho esto, y volviendo al Coronavirus de 2019, en España, que debe seguir mirando y afrontando el presente para dibujar el mejor futuro posible, unida y solidaria, se han adoptado hasta el momento varias medidas, destacando sobre todas ellas, las incluidas en el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, modificado parcialmente por el R.D. 465/2020, de 17 de marzo, por el que se declaró el estado de alarma, inicialmente durante quince días naturales, para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, incluyendo limitaciones a la libertad de circulación, requisas temporales y prestaciones personales obligatorias y medidas de contención en el ámbito educativo, laboral, comercial, recreativo, o en lugares de culto; así como las incluidas en el Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de marzo, de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19, y la Orden SND/257/2020, de 19 de marzo, del Ministerio de Sanidad, que declaró la suspensión de apertura al público de establecimientos de alojamiento turístico.

La aplicación práctica de todas estas, y otras, medidas adoptadas por el Gobierno, pone de manifiesto que, para ganar la batalla al virus y minimizar el daño profundo que nos está causando, con la pérdida irreparable de cada una de las vidas de quienes se nos han ido, no basta únicamente con lo que hagan nuestras distintas administraciones, sino que es necesario: La implicación responsable, y la solidaridad bien entendida, de cada una de las personas y empresas de este país, como la de Amancio Ortega, y la transformación industrial que se está produciendo de nuestras empresas para fabricar material sanitario o convirtiendo hoteles en hospitales o centros de apoyo.

Unas en el frente, como los miembros del sector sanitario, los servicios de seguridad en todos sus ámbitos, en ambos casos incluidos los militares, los del sector de la producción y de la distribución, y otras en la retaguardia, como los que permanecen en sus casas, y los funcionarios y empresarios que hacen un esfuerzo descomunal para que los trabajadores, con empleos suspendidos, perciban sus prestaciones; así como la colaboración y cooperación internacional para disponer de la información inmediata sobre la evolución del virus, compartir experiencias e investigaciones en búsqueda de la vacuna, y facilitar la producción y adquisición de material y equipos sanitarios para las zonas más necesitadas.

La historia de lo vivido en 1918 nos recuerda que la pandemia fue temporal y que después del verano volvió de nuevo, por lo que, una vez que seamos capaces de superar esta primera embestida, tendremos que estar mejor preparados para una eventual segunda.

La lección más importante es la prevención y planificación, y gracias a la Unión Europea, que su origen se debió a la necesidad de establecer una Política Agraria Común con motivo de las carencias tras la Segunda Guerra Mundial, para hacer accesible a los ciudadanos los productos de primera necesidad, o lo que es lo mismo, gracias a las ayudas comunitarias, hoy disponemos de un sector primario con tierras productivas, con un sistema de producción, trasformación, comercialización y distribución que nos permite acceder a esos productos de primera necesidad, esenciales para esta batalla.

En cambio, la falta de prevención y planificación nacional e internacional en cuanto a los medios sanitarios, es el precio que estamos pagando por la deuda a la verdad de 1918. Difícilmente se puede aprender de algo que no se quiso reconocer, en la dimensión que existió, en su momento.

La otra lección que nos está dando esta experiencia, es que no hay que dejarse llevar por el pánico ni por el fanatismo. Debemos consumir con responsabilidad, para que haya para más personas por un mayor tiempo, y cumplir, en la medida de lo posible, con los compromisos, para no romper la cadena que nos une y minimizar también el impacto en la economía. Tampoco debemos renunciar, nunca, a ser libres, que incluye el respeto a nuestra privacidad.

Qué maravilloso es el pasear por la calle sin que nadie te tenga que preguntar a dónde vas y poder hacer viajes, como visitar una ciudad, que no es capital de su estado ni de su país, pero que puede presumir de ser capital del mundo, Nueva York. Una ciudad de contrastes, donde pueden coexistir diferentes vidas, como la de la mujer judía ortodoxa y la de Sonia Sotomayor, neoyorkina del Bronx de origen latinoamericano, actual jueza de la Corte Suprema de los Estados Unidos de América, sin duda, esta última es un ejemplo de esfuerzo y de superación.

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"Tienes que hacer tu propio crecimiento, no importa lo alto que era tu abuelo”. Esta frase de Abraham Lincoln, nos recuerda que debemos aprovechar la transformación industrial que se está llevando a cabo en España con la finalidad de producir materiales sanitarios para que, una vez seamos capaces de mejorar nuestras posiciones en esta batalla, ayudemos inteligentemente al resto del mundo a ganar la guerra contra el virus, y al igual que hizo Amancio Ortega, llenando el mundo de tiendas de Zara, llenémoslo ahora de materiales sanitarios, porque esta ola llegará también a los demás.

Así, con el esfuerzo e inteligencia de nuestras empresas privadas y la ayuda de nuestras administraciones, podremos ayudar a nuestra economía y a nuestra autoestima, y lo que es más importante, salvar muchas vidas. Lideremos nosotros esa cooperación internacional a nivel mundial de la mano de la UE. Es una oportunidad para cambiar y mejorar el mundo, y velar por nuestros valores.

No olvidemos que, unos países han cerrado sus exportaciones de materiales sanitarios, y otros no han aceptado ni identificado el problema en su verdadera dimensión. Nosotros sabemos qué materiales les van a hacer falta. Ayudémoslos.

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Sobre el Autor

Leopoldo Cólogan

Leopoldo Cólogan

Abogado, Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid (San Pablo CEU), que inició su carrera profesional a comienzos del año 1997, después de haber realizado unas prácticas en Dublín y Bruselas, y que, tras veinte años de ejercicio profesional, de los cuales más de ocho han sido como socio de una gran firma internacional como Garrigues, ha creado el primer “Law Hotel”, que es un nuevo concepto y marca de despacho, fundando en el año 2017 en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, España, la nueva firma legal:

Está especializado en el asesoramiento legal en litigios y arbitrajes relativos a conflictos mercantiles, civiles y societarios, y tiene una amplia experiencia en concursal y situaciones de insolvencia, penal, administrativo y contencioso administrativo. Especialmente, destaca su intervención en sectores como la construcción, turismo y hoteles, la distribución, y en el asesoramiento a organizaciones de productores y cooperativas, así como en negociaciones con entidades financieras.

El arbitraje y la mediación internacional y nacional es una de sus vocaciones.Además del desempeño de su profesión como abogado, participa habitualmente como ponente en jornadas y congresos, siendo también Profesor del Máster Universitario en Abogacía de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Laguna, en colaboración con el Ilustre Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife al que pertenece, y ha sido incluido en el prestigioso directorio internacional Best Lawyers.

Colabora dentro de la temática de Legislación.

Leopoldo Cólogan | Law Hotel 
T +34 609 813 306
C/ Valentín Sanz, 23, 5º 38002 Santa Cruz de Tenerife   
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