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Samuel Gómez Abril

Samuel Gómez Abril

Abogado y economista, asesor económico – financiero y estratégico de empresas, docente en materia de finanzas en programas de posgrado, formador y mentor de proyectos emprendedores.

Antes de iniciar su actividad en 2012 como profesional independiente había trabajado como abogado en Garrigues, consultor en BearingPoint, director financiero en el CD Tenerife y gerente en el grupo Número 1.

Especializado en control de gestión y análisis de inversiones, con experiencia en asesoramiento estratégico, gestión de operaciones y de proyectos, procesos de refinanciación y concursales, due diligence y operaciones de concentración empresarial.

Colabora dentro de la temática de Dirección y Emprendeduría.


¿Nos gusta endeudarnos?

¿Nos gusta endeudarnos?

Suelo preguntar a mis alumnos a quién le gusta la deuda y rara vez levanta alguno la mano, sin embargo uno lee las estadísticas de deuda privada en España y, a pesar de la notable reducción de la misma desde el inicio de la crisis, a finales de 2016 equivalía al 166,1% del PIB español, 101,7% correspondiente a empresas y 64,4% a hogares. Quizás no nos guste y no nos quede más remedio.

Cuando insisto en la pregunta algún alumno levanta la mano y comenta que solo le gusta si la deuda es barata, lo cual a todos gusta pero quizás no deba ser lo único a considerar. No cejo en mi empeño y trato de provocarles diciéndoles que me encanta la deuda, ¿puede haber alguien a quien le encante la deuda?, ¿no se duerme más tranquilo cuando uno no le debe nada a nadie?

¿Invertir con un socio?

¿Invertir con un socio?

En mi anterior post citaba como uno de los errores que cometemos al invertir en un negocio el no elegir al socio idóneo para nuestro negocio, o no habernos planteado siquiera invertir con un socio, o haber incorporado a un socio cuando debimos haber invertido solos.

Son diversas las cuestiones que debemos plantearnos:

¿Por qué invertir con un socio? En mi opinión un socio siempre debe aportarnos algo de aquello de lo que carecemos, debe ser nuestro complemento perfecto, puede aportar el capital que no tenemos, la experiencia en el sector de la que carecemos, las habilidades de relaciones públicas que aún no hemos desarrollado, la capacidad de gestión que sabemos que no tenemos… incluso la dedicación que sabemos que no podremos aportar.

En ese sentido, invertir con un socio comporta un ejercicio de humildad, reconociendo las limitaciones que uno tiene.

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