Curriculum para dirigir una empresa: actitud y capacidad de aprendizaje

Curriculum para dirigir una empresa:  actitud y capacidad de aprendizaje

Hace unas semanas me llamaron para iniciar un proceso de coaching y mentoring a una futura directora de una empresa. Imaginaba encontrarme a una mujer de unos cuarenta años, con experiencia y conocimiento del sector. Y tal vez dura de roer con eso de tener que entrar en un proceso donde aprender algo. En muchas ocasiones te encuentras con directivos que te miran con esa cara que dice: “¿Y tú, qué me vas a enseñar a mi?”

Sin embargo, al llegar a las nuevas oficinas y entrar en el despacho me encontré a una chica de 25 años… que llevaba 6 meses de becaria. Ella iba a ser la nueva directora de la empresa. Obviamente pregunté para verificar, pues no daba crédito a mis ojos. 

Me contó que llevaba dicho periodo en la empresa. Que comenzó haciendo prácticas en varios departamentos. Que había tenido algunos conflictos a la hora de gestionar algunos proyectos. Y que tras el periodo de prácticas la propusieron para dirigir una de las empresas del grupo. 

Actitud y capacidad de aprendizaje

En un primer momento vi muchas cualidades. Pero también muchas carencias, principalmente en la dirección y gestión de personas, algo que la universidad nunca ha enseñado y que es la gran carencia de la mayoría de los directivos: no desmotivar, motivar, gestionar conflictos, desarrollar personas, crear líderes,… Así nos va.

Obviamente para este tipo de procesos es necesario tener la opinión de personas que han trabajado con ella. Es la manera de poder contrastar la información aportada y, sobre todo, poder monitorizar el proceso y su evolución. 

Comencé con su jefe. Ahí encontré la clave de cómo una chica de 25 años, tras 6 meses de prácticas pasaba a dirigir una de las empresas del grupo. ¿Por qué ella, sin apenas experiencia y sin saber gestionar personas? Dos fueron las razones: 

  1. Actitud.
  2. Capacidad de aprendizaje.

Hoy en día todos estamos buscando reducción de jornada laboral, salir a nuestra hora, aplicar el “apagón” que algunas empresas en Europa ya hacen (apagar todos los ordenadores para que el personal se vaya a casa y así fomentar la eficiencia), no hacer jornadas extras… 

Sin embargo, en ocasiones, y más cuando hay un periodo de aprendizaje, hace falta un esfuerzo extra, un sacrificio (que tampoco es tanto si te gusta lo que estás haciendo) y echar horas, para aprender, evolucionar, y mejorar. 

Otra cosa es si esas horas extra son para hacer tareas rutinarias y fruto de una mala organización o abuso por parte de la empresa. 

Adaptación al cambio

Esta chica, a pesar de terminar su jornada de becaria, echaba cuatro horas más de trabajo sin remunerar, de forma voluntaria, porque tal era su pasión por el compromiso que había adquirido. Deseaba aprender y sobre todo solucionar los problemas que aquejaban en un proceso de cambio. Dicha actitud no pasó desapercibida por la dirección. Ni por los compañeros que apreciaban la ambición y el compromiso de esta becaria. 

Por otro lado, demostró una enorme capacidad de aprendizaje, lo que le permitía sustituir a compañeros a los pocos días de estar aprendiendo y así permitir que quien se iba de vacaciones se sintiera tranquilo estando en manos de ella. 

Y de repente apareció una vacante para la dirección de una de las empresas. ¿Qué buscaban? Actitud y sobre todo a quien pudiera aprender de forma rápida. Sin duda, habría mucha gente en el grupo que tendría expectativas o que se vería con posibilidades para el puesto. 

Sin embargo, ante los nuevos retos y la velocidad del cambio en las empresas, hacía falta no alguien con experiencia en el sector, sino una persona que aprendiera rápido. Y que diera el máximo. En definitiva, actitud y adaptación al cambio. Y ante este diamante la empresa ha decidido invertir en formarla y acompañarla en la parte de dirigir personas. 

¿Qué es digno de resaltarse de este caso? 

  1. En primer lugar, la entrega, pasión y compromiso de una persona que desea crecer, aprender y mejorar. 
  2. En segundo lugar, la exigencia de los tiempos actuales: ya no es experiencia, sino capacidad de adaptación y aprendizaje. 
  3. Y en tercer lugar, la visión de la empresa para detectar, desarrollar e invertir en el talento. De otra manera, todos perderían: la empresa por no desarrollar la materia prima que tiene, y las personas por no poder desarrollarse y acabar frustrándose y quedando atrapadas en el “día de la marmota” o decidiendo irse a la competencia. 

Ahora viene mi parte: ayudar a desarrollar el talento y la inteligencia emocional para crear una líder que dirige, gestiona y crea más líderes. ¡Reto apasionante!

Sobre el Autor

Juan Ferrer

Juan Ferrer

Está especializado en la Gestión del Cambio en organizaciones. Su trabajo es activar, motivar e implicar a las personas en el cambio, la evolución y la mejora constante. Además es formador en habilidades directivas (gestión del tiempo, coaching, liderazgo, negociación, trabajo en equipo, hablar en público, etc.), habiendo impartido en empresas tales como Banco Santander, Cajasiete, JTI, Cervecera, Fiba Europe, Pernod Ricard, Grupo Domingo Alonso, Barceló Hotels & Resorts, Sheraton Salobre, Meliá, Deusto Business School, etc. Por otro lado es licenciado en CC.EE. y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid, y formado en la Harvard Kennedy School en el desarrollo y la formación del liderazgo. Como coach posee el grado PCC con más de 2.700 horas de sesiones individuales. Asimismo, ha publicado tres libros: "Gestión del Cambio" (Lid Editorial), "Aprendiendo con mi coach" y "Soñé que estaba despierto".

Colabora dentro de la temática de RRHH.

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