La economía colaborativa y la movilidad.

La economía colaborativa y la movilidad.

Hay una nueva movilidad individual y, a la vez, compartida: no usas la guagua, vas en coche, incluso vas solo, pero en un coche que se comparte entre muchas personas a lo largo de un mismo día. Se llama Car-Sharing. Parece razonable compatibilizar el disfrute y la autonomía de un coche con un uso más racional e intensivo del mismo. Lo habitual es que nuestro coche esté aparcado el 90% del tiempo. ¿Por qué no compartirlo, y con los ahorros obtenidos hacer un buen negocio, si la escala es importante?. ¿De qué depende que algo así pueda ser una ventaja para los viajeros y un caso de éxito para la empresa que lo organice?

De entrada, conviene aclarar el concepto. ¿Es lo mismo compartir que colaborar?. El Car-Sharing es compartir un coche entre varios, pero para conseguirlo hay que diseñar una Regla de Negocio basada en el interés individual y en la colaboración entre varios para conseguirlo. Parece difícil, generaciones de economistas se han debatido entre la “mano invisible” de Adam Smith o el “Subastador Walrasiano” que vacía los mercados con transacciones 100% satisfactorias entre ofertas y demandas, todo muy teórico. Pero ahora puede ser realidad gracias a las nuevas tecnologías de las TIC, que nos han traído la solución en forma de Apps. Elementos disruptivos del internet 3.0, como las  Plataformas Colaborativas, gestionadas con algoritmos de Inteligencia Artificial y alimentadas con montañas de Big Data, son capaces de alcanzar una enorme eficiencia, superando claramente a los sistemas tradicionales de ponerse de acuerdo entre varios (cuadrantes de turnos, chats de WhatsApp, etc).

En realidad, todo esto no es algo novedoso, es muy tradicional. Muchos de los de mi generación fuimos a estudiar a la Universidad compartiendo coche entre varios. Era lógico, ahorrábamos dinero. Pero el desarrollo económico ha elevado nuestra individualidad a cotas superlativas, todos queremos ir en nuestro coche, a nuestro ritmo. Y podemos pagarlo. Sin embargo, tras el desarrollo llegó la crisis. Fue entonces, apenas hace 4 o 5 años, cuando entendimos que debíamos rentabilizar recursos infrautilizados, como nuestro coche. Además, desde el lado de la demanda, la crisis trajo problemas para acceder al crédito de consumo, lo que aceleró el dilema alquiler versus propiedad.

El Car-Sharing, bien gestionado, nos ofrece el empoderamiento del consumidor, que obtiene Información comparable y fiable, además de una mayor calidad y variedad a menor precio. La mayor competitividad en general en este nuevo mercado de la movilidad colaborativa reduce los beneficios de las empresas, pero eso les obliga a ser más eficientes. Otro factor novedoso es el uso masivo de las redes sociales y perfiles, donde la gente usa la economía colaborativa como atributo de su personalidad para mostrar más conciencia medioambiental.

Las nuevas empresas de este sector ofrecen una reducción de los costes de transacción entre oferta y demanda respecto a los servicios tradicionales (ya sea Rent a Car, taxi o limusina) gracias a la eficiencia, usabilidad y total accesibilidad de las App desde el móvil. El negocio puede estar en gestionar una flota de particulares o una flota propia, la diferencia está en el volumen de inversión necesario. Y la desintermediación financiera ofrece nuevas vías de financiación a su alcance (Crowfunding, FinTech, etc).

Es cierto que hay aspectos polémicos como la desconfianza de muchos hacia la permanente trazabilidad del usuario, que podría generar una indeseada exposición a controles por parte de terceros (administración fiscal, laboral, policía, etc). Pero la principal dificultad a la que se enfrentan estas empresas de la nueva economía colaborativa es la actual regulación administrativa, que es dañosa para el usuario y las empresas. 

No debería discriminarse a unos en favor de otros con impuestos o barreras de entrada. Es necesario entrar a regular o rediseñar la normativa sectorial (transporte, turismo, etc) para adoptar la figura del prosumidor, es decir, el consumidor que participa activamente en el proceso de producción de los bienes y servicios que consume. En este contexto, parece más razonable utilizar en la regulación criterios como modular el ánimo de lucro o fijar el umbral de actividad, en lugar de simplemente prohibirla.

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Sobre el Autor

Manuel Ortega Santaella

Manuel Ortega Santaella

Actualmente y desde 2006 es responsable del Área de Movilidad en el Cabildo, Consejero Delegado de TITSA, consejero de MTSA y consejero delegado de Teleférico. Por otro lado, es Economista por la Universidad de La Laguna y Experto en Contabilidad y Auditoría por la Universidad de Alcalá de Henares. Tras comenzar su carrera profesional como Jefe de Administración en Hospiten, pronto se enfocó a la consultoría estratégica y financiera, donde trabajó durante diez años en firmas nacionales y canarias, además de fundar su propio despacho en 1999. Simultáneamente, ha trabajado como formador en más de 50 programas, centrados principalmente en el management y el apoyo a la emprendiduría, colaborando también y activamente con varias asociaciones empresariales de ámbito regional (vicepresidente de la Confederación Canaria de Jóvenes Empresarios), y especialmente apoyando a entidades sin ánimo de lucro en la gestión de proyectos y justificación de subvenciones. Colabora dentro de la temática de Logística.

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